Por Jessica Cabrera C. (*)
Investigadores y docentes de creatividad de catorce países han participado en una investigación que propone un modelo desde el paradigma complejo-evolutivo y concluye que el fenómeno de la creatividad, en tanto su conocimiento, forma de comprenderla y aplicarla, como de proyectarla en la formación y futuras investigaciones, evoluciona en crecientes niveles de conciencia y complejidad.
Durante mil años la noción de creatividad no existió en filosofía, teología o arte. Los griegos no tuvieron este término (aunque consideraban como excepción a los poetas que traían cosas nuevas), y los romanos nunca lo aplicaron a estos campos. Durante los siguientes mil años, la creatividad se contempló exclusivamente desde la teología: "Creator" era sinónimo de Dios, y siguió empleándose en este sentido hasta una época tan tardía como la Ilustración. En el siglo XIX el término "creador" se incorporó al lenguaje del arte y se convirtió en sinónimo de artista. Aparecen nuevas expresiones como el adjetivo creativo y el sustantivo creatividad. En el siglo XX la expresión "creador" se aplicó a toda manifestación cultural. Se comenzó a hablar de creatividad en la ciencia, la política, la tecnología, etc. (W. Tatarkiewicz, 1987).
En este sentido, el conocimiento disponible en creatividad a través de su enfoque más usado por muchos investigadores y docentes (persona, proceso, producto, potenciación) se ha presentado con una gran diversidad de tópicos, no obstante, de manera fragmentada y aún los modelos componenciales más conocidos (Amabile, 1996, Csickzentmilhalyi, 1998, Sternberg, 1999) han sido insuficientes para aproximarse de manera integral a su complejo campo.
Hoy en día llegamos a un punto donde en creatividad se habla también de complejidad, de trascendencia, espiritualidad y evolución humana basada en la conciencia. Observamos que cualquier teoría de la creatividad (superdotación, teorías asociacionistas, teorías de la personalidad, teoría social-cultural, etc.), sus diferentes aproximaciones, (psicodinámicas, cognitivas, humanistas y componenciales), hasta sus tendencias más emergentes han ido integrando natural y evolutivamente diferentes componentes desde lo más simple a lo más complejo, centrando su interés de estudio desde lo individual y personal, hasta lo contextual, lo social y diferentes sistemas de referencia más complejos y transdisciplinares.