Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

16 de junio de 2011

Salario mínimo debería aumentar al menos a $205.000

por Equipo Fundación Sol

En el contexto de la actual discusión para definir el salario mínimo, la Fundación SOL entregó un documento que se respalda en las contundentes cifras económicas difundidas recientemente por el Ejecutivo, acorde al crecimiento del país, sumado a la meta de superar la línea de la pobreza estadística fijada por MIDEPLAN. El estudio, además, cuestiona los argumentos que hablan de un aumento del desempleo y la inflación, de producirse un alza en el salario mínimo, principales amenazas utilizadas por las autoridades para mantenerlo en torno a los $180.000.

Centrándose en la necesidad de generar un Plan de Reajuste del Salario Mínimo a mediano plazo, la Fundación Sol presentó tres escenarios de aumento salarial de aquí a 2017, dentro de los cuales la cifra para 2011 debería superar los $205.000. “Es necesario que el Gobierno genere una política de mediano plazo que permita la fijación de un salario mínimo acorde no sólo a las proyecciones de crecimiento, sino también al Umbral de Satisfacción Mínimo de las personas”, explicó Marco Kremerman, director de la entidad. Este sistema, además, debería basarse en la participación ciudadana y en la negociación colectiva. “De otra forma, se pone en duda nuestro sistema democrático, teniendo en cuenta que la fijación del actual salario mínimo se realiza a puertas cerradas” agregó el Economista.

Respecto a las amenazas del desempleo y de las presiones inflacionarias colocadas por las autoridades frente a un eventual aumento del salario mínimo, el estudio fundamenta que no existe evidencia empírica nacional e internacional, que demuestre esto de manera contundente. Sólo puede ocurrir cuando se realizan reajustes considerables en momentos de contracción económica y cuando los empresarios trasladan el aumento salarial a sus precios de venta, para mantener sus niveles de utilidades.

15 de diciembre de 2010

Acreditación universitaria por carrera: la cuenta pendiente de las privadas

 Por Trinidad Noguera

Sólo 1 de cada 4 carreras que se imparte en los planteles particulares más grandes está acreditada. ¿Deficiencia del sistema o falta de calidad? Aquí el diagnóstico.

Desde hoy la suerte está jugada para los 289 mil 181 estudiantes que rindieron la PSU el lunes y martes. Ahora sólo les queda esperar los resultados y postular a la universidad deseada.  Pero ¿cuál es la calidad de las carreras que los esperan? 

En Chile, recién en 2006 se creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), única institución nacional encargada de certificar las acreditaciones universitarias. Con anterioridad, no había índice alguno de la calidad de la educación superior. El proceso es voluntario, por tanto, es una iniciativa de cada universidad certificarse o no. Hoy, la CNA acredita tanto a las instituciones como a las carreras profesionales, independientes entre sí. Es decir, una universidad puede estar acreditada como institución y no así sus carreras. Salvo el caso de las Pedagogías y Medicina, que por la Ley 20.129, deben estar certificadas.

Cuando una universidad se acredita como institución, se certifica en dos áreas mínimas: gestión institucional y docencia de pregrado; y también pueden optar a tres adicionales, como docencia de postgrado, inveatigación y vinculación con el medio. Eugenio Díaz, presidente (s) de la CNA-Chile, cuenta que en estos casos, “se considera el cumplimiento de la misión institucional junto con la evaluación de sus políticas y mecanismos para la autorregulación y mejoramiento de la calidad”.

Cuando lo que se busca es acreditar los programas de pregrado, se aplica un proceso más profundo que certifica la calidad de todos los elementos asociados al diseño curricular, recursos comprometidos y resultados del proceso enseñanza-aprendizaje. Esto, basándose en la “consistencia entre el perfil de egreso y el plan de estudios, la disponibilidad adecuada de recursos humanos, económicos y materiales y capacidad de autorregulación”, explica Díaz. Tanto la acreditación de la institución como de las carreras, demoran cerca de un año, luego de que se realice una evaluación interna, evaluación externa y juicio de acreditación. En otras palabras, el proceso que realmente refleja la calidad de los estudios particulares a los que se opta es la acreditación por programa, por lo tanto conocer el mapa de estas evaluaciones es indispensable a la hora de hablar de calidad universitaria. 

De hecho, es el propio presidente (s) de CNA-Chile, Eugenio Díaz quien explica a El Dínamo que  la CNA certifica, finalmente, "la calidad de aquellas instituciones y programas que han sido capaces de demostrar estándares apropiados y un nivel académico sólido, promoviendo permanentemente la introducción de buenas prácticas y el mejoramiento de los indicadores de productividad y excelencia académica”.

Con el propósito de dimensionar esta realidad, decidimos ver el nivel de acreditación por carrera de las universidades privadas en Santiago y nos encontramos con la sorpresa de que sólo una de cada cuatro carreras de las universidades que más captan alumnos, está acreditada. Una situación muy distinta a la de universidades tradicionales como la Católica de Chile, en la que 29 de sus 42 carreras cuenta con la certificación. O la Universidad de Chile donde cerca de la mitad de su oferta muestra el distintivo. Claramente, por tanto, la tendencia de las privadas autónomas no se orienta hacia los instrumentos de calidad dispuestos por la CNA.

¿Cuál es la razón? Quienes conocen el sistema, apuntan a dos: falta de calidad de los programas o carencia de voluntad de las instituciones para someterse a un sistema aún nuevo. En este último punto, para Educación 2020, hay que considerar, por un lado, que son las propias universidades las que deben costear monetariamente todo el procesos, y por otro la falta de difusión del propio sistema que conspira contra su éxito.  

“La Comisión Nacional de Acreditación y el Ministerio de Educación ha hecho un pésimo trabajo informándole a la ciudadanía de la existencia de la acreditación y de sus resultados. La mayoría de los alumnos ni sabe que existe, y extraer información de su sitio web, es casi infernal. Eso derrota todo el objetivo de la CNA: proveer información a los estudiantes sobre la calidad de la oferta”, explica Mario Waissbluth de Eduación 2020. 

Y agrega que finalmente una universidad opte por no acreditar sus carreras resulta preocupante. “La explicación benigna sería que quieren creer que tienen un modelo educativo suficientemente ad hoc como para no enmarcarse en los criterios de la acreditación. La menos benigna, bueno… es fácil imaginársela”, sostiene Waissbluth. De hecho, se produce la curiosa situación que varias casas de estudios optan primero por acreditarse antes en instituciones extranjeras que nacionales.

Ese es el caso, entre otros, de la Universidad Adolfo Ibáñez que sólo tiene acreditada, entre su amplia oferta, Ingeniería Civil, pero no así su carrera estrella: Ingeniería Comercial. Fernanda Macintosh, directora de gestión y análisis institucional, explicó a El Dínamo que cuando comenzó este tema en Chile, la UAI ya contaba con la acreditación internacional de la AACBS en Comercial. “El proceso (en Chile) aún está en pañales, pero no descartamos a futuro, incluir más carreras”, sentencia Macintosh, dejando en evidencia una realidad para nada aislada.

Si uno analiza las ocho universidades privadas con más de 10 mil alumnos (*), siguiendo el Ranking de las Mejores Universidades 2010 de América Economía, se llega a la conclusión que sólo el 26% de sus carreras están acreditadas ante la CNA. Esto equivale a cerca de 9 programas de estudio entre los 40 que en promedio ofrece una institución de esas características. En contraste, todas esas casas de estudio sí presentan acreditación por institución.  

Los casos más llamativos de la lista son los de la Universidad del Desarrollo, con sólo tres de sus 44 carreras acreditadas, o el de la Universidad de las Américas, con sólo nueve programas de estudios certificados de los 60 que ofrece. En el otro extremo de la lista, en tanto, la Universidad Diego Portales y la Universidad Central muestran el mayor porcentaje de acreditación con un 47 y 41%, respectivamente. 

Si la cantidad de carreras certificadas en las universidades privadas autónomas llama la atención, los años de acreditación son aún más sorprendentes. Siendo siete años el máximo que se puede recibir, la mayoría de las universidades anteriormente seleccionadas, cuentan con programas con dos o cuatro años de vigencia. Son la excepción las que cuentan con el rango máximo. Y nuevamente la brecha entre las privadas autónomas y la Católica y la Chile resulta evidente. Estas últimas promedian los 6 y 7 años en sus carreras acreditadas.

Un problema significativo es la laxitud con que la Comision otorga la acreditación a partir de los informes. En otras palabras, basta con leer los informes de carreras o universidades acreditadas por dos años, para preguntarse cómo es posible que los hayan acreditado”, sentencia Waissbluth.

Para la Comisión Nacional de Acreditación, la acreditación en un buen instrumento de mejoramiento continuo para las instituciones y sus programas, estableciendo fortalezas y debilidades. Sin embargo, el proceso aún está muy reciente y claramente no ha llegado a cumplir sus objetivos a cabalidad. Aún falta por avanzar, y por sobre todo, incrementar el número de instituciones y carreras acreditadas por cinco años o más. Eugenio Díaz lo admite y agrega: “aún hay desafíos pendientes, principalmente en la dirección de revertir la baja eficiencia de los procesos de formación y de fortalecer la capacidad de las instituciones de desarrollar sus proyectos educativos con mayores niveles de responsabilidad social y perspectiva estratégica”.

(*) Universidad Mayor, Universidad de las Américas, Universidad Santo Tomás, Universidad San Sebastián, Universidad Central, Universidad Diego Portales, Universidad Andrés Bello y Universidad del Desarrollo.

Extraido de EL DINAMO

13 de diciembre de 2010

O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará

Por Joseph Stiglitz (*)

Como no se han cansado de repetir el economista James Galbraith y el economista y penalista William Black, no podemos resolver la crisis económica a menos que metamos en la cárcel a los delincuentes que han cometido actos fraudulentos.
Y el ganador del premio Nobel de economía George Akerlof ha demostrado que la negligencia en punto a castigar a los delincuentes de guante blanco, y a fortiori, el rescatarlos, crea incentivos para que se cometan más delitos económicos y se proceda a una ulterior destrucción de la economía en el futuro. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz acaba de expresar la misma idea. El pasado 20 de noviembre declaró lo que sigue a Yahoo s Daily Finance:
Es un asunto realmente importante y nuestra sociedad debe comprender cabalmente. Se supone que el sistema jurídico es la codificación de nuestras normas y de nuestras creencias, de lo que tenemos que hacer para que nuestro sistema funcione. Si se percibe un carácter explotador en nuestro sistema jurídico, entonces la confianza en todo nuestro sistema comienza a erosionarse. Y ese es realmente el problema que tenemos ahora.
Una muchedumbre de prácticas predatorias están en vías de continuar como si nada en los créditos para la compra de automóviles. ¿Por qué están bien los malos préstamos en el sector automovilístico y no en el mercado hipotecario? ¿Hay alguna razón de principio? Todos sabemos la respuesta: no. No hay razones de principio, hay razones de dinero. Son las contribuciones a las campañas electorales, el cabildeo, las puertas giratorias entre la política y los negocios, todas esas cosas.
El sistema está ahora mismo diseñado para estimular ese tipo de prácticas, aun a pesar de las multas [en referencia al antiguo ejecutivo de Countrywide, Angelo Mozillo, que acaba de pagar 10 millones de dólares de multa, una ínfima parte de lo que ganó fraudulentamente, porque ganó centenares de millones de dólares].
Conozco mucha gente que dice: es un escándalo que tuviéramos más supervisión, control y rendición de cuentas en los 80, cuando se dio la crisis de las cajas de crédito y ahorro, que ahora. Sí, les multamos, ¿y cuál es la gran lección que se saca de eso? Compórtate mal, y el gobierno de quitará un 5% o un 10% de los beneficios malhabidos, que estarás muy tranquilo en casita con varios centenares de millones de dólares que aún te quedarán luego de pagar unas multas que parecen enormes, pero que son en realidad muy pequeñas en relación con la cantidad de dinero que has conseguido embolsarte.
El sistema está configurado de tal modo, que aun si te pillan, el castigo es sólo una ñinfima parte de lo que te llevas a casita. La multa es sólo un coste más del negocio. Es como una multa de estacionamiento. A veces decides estacionar mal sabiendo que te caerá una multa, porque empezar a dar vueltas en busca de estacionamiento lleva mucho tiempo.
Yo creo que deberíamos hacer lo que hicimos en los 80 con la crisis de las cajas de crédito y ahorro, y meter en la cárcel a un buen número de estos tipos. Lo creo absolutamente. No son sólo delitos de guante blanco o pequeños incidentes. Hay víctimas reales. Ese es el asunto. Hubo víctimas en el mundo entero.
¿O es que confiamos en que estos tipos que nos metieron en el lío actual han cambiado realmente de actitud? Todo lo contrario. He oído alguno discursos que decían: En realidad, no se hizo nada realmente mal. No hicimos las cosas demasiado bien. Pero nuestra comprensión de estos asuntos es bastante razonable . Si de verdad piensan eso, estamos en un lío verdaderamente tremendo.
[En la disuasión del delito] hay distintos aspectos. Los economistas se centran por entero en la idea de los incentivos. A veces, la gente tiene incentivos para comportarse mal, porque pueden ganar más dinero si estafan o se meten en actividades fraudulentas. Si queremos que nuestro sistema económico funcione, tenemos que asegurarnos de que lo ganan cuando defraudan quede anulado por el sistema de castigos y multas.
Por eso, pongamos por caso, en nuestra legislación anti-oligopólica a menudo no detenemos a la gente cuando se comporta mal, sino cuando lo hace y podemos decir que hay daños constatables. Entonces pagan tres veces el daño que han causado. Es una forma muy radical de disuasión. Desgraciadamente, lo que estamos haciendo ahora en el caso de estos delitos financieros recientes son multas por fracciones –¡fracciones! del daño directo causado, y una fracción aún más pequeña del daño social total. Es decir: el sector financiero llevó realmente al desplome de la economía global, y si incluyes todos los daños colaterales, estamos hablando ya realmente de billones de dólares.
Pero se puede hablar en un sentido aún más amplio de daño colateral y al que no se le ha prestado atención. Y es la confianza en nuestro sistema jurídico, en el imperio de la ley y el Estado de Derecho, en nuestro sistema de justicia. Cuando se hace el Juramento de Lealtad [constitucional en EEUU], se dice justicia para todos . Pues bien; la gente no está segura de que tengamos justicia para todos. Algunos son detenidos por algún delito menor de droga, y dan con sus huesos en la cárcel por mucho tiempo; pero cuando se trata de esos llamados delitos de guante blanco, que no dejan de tener víctimas, casi ninguno de los gachós que los perpetran acaba entre rejas.

Se me permitirá otro ejemplo que ilustra hasta qué punto nuestro sistema jurídico ha descarrilado, contribuyendo a la crisis financiera.
En 2005 aprobamos una reforma del proceso de quiebra. Fue una reforma pretendida por los bancos. Estaba concebida para permitir legalmente el préstamo el mal préstamo a gentes que no entendían de qué iba el asunto, y básicamente destinada a estrangularlas. A expoliarlas. Y podríamos haberla llamado con justicia la nueva ley de servidumbre permanente . Porque es lo que en realidad era.
Se me permitirá que cuente brevemente lo mala que era. No creo que los norteamericanos entiendan hsta qué punto era mala. Hace realmente muy difícil que las personas puedan librarse de la deuda. El principio básico en los EEUU del pasado era la gente tenía derecho a comenzar bien. La gente comete errores. Especialmente cuando son presa de expolio. Y entonces tienes derecho a volver a empezar bien. Borrón y cuenta nueva. Paga lo que puedas, y vuelve a empezar. Ahora, si lo haces una y otra vez, entonces es distinto. Pero al menos, cuando andan sueltos estos prestamistas predadores, deberías conservar el derecho a volver a empezar sin cargas.
Pero los bancos dicen: No, no y no; no puedes librarte de la deuda , o no puedes librarte de ella tan fácilmente.

Eso es servidumbre permanente. Y criticamos a otros países por permitir ese tipo de servidumbre duradera, trabajo esclavo. Pero en Norteamérica lo hemos instituido en 2005 sin apenas debate público sobre las consecuencias. Lo que hizo esa ley fue animar a los bancos a realizar préstamos todavía peores.

Los bancos pretenden que creamos que no hicieron malos préstamos. Se niegan a aceptar la realidad. Es un hecho de alteraron los criterios contables, de modo que los préstamos dañados por la incapacidad de los prestatarios para devolver lo que deben se contabilizan igual que las hipotecas que se pagan a buen ritmo y sin mora.
De modo que toda la estrategia de los bancos ha consistido en esconder las pérdidas, seguir enredando y conseguir que el gobierno mantenga los tipos de interés realmente bajos.

Resultado: si toleramos esa estrategia, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la economía se recupere.

(*) Economista, Premio Nobel de Economía en 2001. Estados Unidos. En “Bitácora” de Uruguay

Extraido de OTHER NEWS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...