Los estadounidenses que manifiestan
contra Wall Street también protestan contra sus relevos en el seno del Partido
Demócrata y de la Casa Blanca. Ignoran sin duda que los socialistas franceses
continúan invocando el ejemplo de Barack Obama, quien, según ellos, hubiera
sabido actuar contra los bancos, contrariamente a Nicolas Sarkozy. ¿Se trata
realmente de un malentendido? Quien no quiere (o no puede) atacar los pilares
del orden liberal (financiarización, globalización de los flujos de capitales y
de mercancías) está tentado de personalizar la catástrofe, de imputar la crisis
del capitalismo a los errores de concepción o de gestión de su adversario
interno. En Francia, la culpa incumbirá a “Sarkozy”, en Italia, a “Berlusconi”,
en Alemania, a “Merkel”. Muy bien, pero, ¿y en otras partes?
El
crepúsculo de la influencia europea
En otras partes, y no sólo en Estados Unidos, dirigentes políticos presentados durante mucho tiempo como referencias por la izquierda moderada también se enfrentan a manifestaciones de indignados. En Grecia, George Papandreu, presidente de la Internacional Socialista, pone en práctica una política de austeridad draconiana que combina privatizaciones masivas, supresiones de empleos en la función pública y abandono de la soberanía de su país en materia económica y social en manos de una “troika” liberal (1). Los gobiernos de España, de Portugal o de Eslovenia recuerdan también que el término “izquierda” está a tal punto pervertido que ya no se lo asocia a un contenido político particular.













