por Juan Pablo Cárdenas (Radio Universidad de Chile)
Con una ínfima parte de lo que gastan en aparatos y combustible se podría dotar satisfactoriamente a la Corporación Nacional Forestal para hacer frente a los incendios de bosques y pastizales que año a año afectan nuestro patrimonio natural.
En el país de las inequidades, resultan bochornosos los privilegios que mantienen las Fuerzas Armadas mientras la clase política en su conjunto sigue de brazos cruzados después de 21 años de post pinochetismo. Mientras se regatean los recursos a la educación y a la salud, el presupuesto fiscal es particularmente generoso con las distintas ramas de las Fuerzas Armadas para financiar las remuneraciones, su propio sistema de previsión, los hospitales institucionales y, desde luego, los más millonarios gastos para la adquisición de armas en América Latina. Además de las partidas fijadas por la Ley de Presupuesto, ninguno de los últimos gobiernos ha logrado suprimirles todavía esa escandalosa contribución que Codelco debe asignarles por el 10 por ciento de todas las ventas (no utilidades) de cobre en el mundo, privilegio que en los últimos años resulta todavía más desmedido cuando el precio del metal ha alcanzado niveles espectaculares.
Cuando se movilizan los estudiantes demandando que el acceso a la educación pública sea gratuito por cierto que saben que con este royalty que va a parar a los cuarteles demás podría garantizarse que todos los niños y jóvenes chilenos accedan a planteles de enseñanza de calidad. Asimismo como las enormes carencias de los policlínicos y otros centros médicos del Estado podrían resolverse fácilmente con sólo parte de los recursos destinados a comprar mortíferos aviones de guerra que se malogran uno por uno en las pirotecnias militares. Con los dineros destinados a tanques, buques y otros que, además de onerosos, resultan completamente inútiles, se obsoletan rápidamente en un dispendio que hace caso omiso del avance de diplomacia y la legislación internacional para enfrentar las eventuales controversias entre las naciones.
Con una ínfima parte de lo que gastan en aparatos y combustible se podría dotar satisfactoriamente a la Corporación Nacional Forestal para hacer frente a los incendios de bosques y pastizales que año a año afectan nuestro patrimonio natural.
Cuando se movilizan los estudiantes demandando que el acceso a la educación pública sea gratuito por cierto que saben que con este royalty que va a parar a los cuarteles demás podría garantizarse que todos los niños y jóvenes chilenos accedan a planteles de enseñanza de calidad. Asimismo como las enormes carencias de los policlínicos y otros centros médicos del Estado podrían resolverse fácilmente con sólo parte de los recursos destinados a comprar mortíferos aviones de guerra que se malogran uno por uno en las pirotecnias militares. Con los dineros destinados a tanques, buques y otros que, además de onerosos, resultan completamente inútiles, se obsoletan rápidamente en un dispendio que hace caso omiso del avance de diplomacia y la legislación internacional para enfrentar las eventuales controversias entre las naciones.
