
Ahora el tema está a la orden del día en Inglaterra. El magnate Rupert Murdoch a través de su empresa News International controla 42 por ciento de la prensa escrita británica además de una importante participación en cadenas de televisión. Murdoch tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, a través de su cadena televisiva Fox y el diario Wall Street Journal, lejos de desplegar un periodismo independiente focalizó los medios bajo su control para promover una agenda afín a su visión ultraconservadora. Junto con ello alineó sus medios para lograr beneficios para expandir el imperio y la influencia de News Corp. Ello a tal punto que se convirtió en el modelo del empresario inescrupuloso dispuesto a ignorar todo límite para conseguir sus objetivos. De hecho la película de James Bond “El mañana nunca muere” es una sátira de sus actividades y, en particular, de sus esfuerzos por ingresar al mercado chino.
El Parlamento británico recién inicia un debate sobre los alcances de las escuchas telefónicas, la corrupción policial, que ha llevado la renuncia de los máximos jefes de Scotland Yard, y los vínculos del consorcio periodístico con las autoridades políticas. Ya surgen voces, entre ellas las del líder laborista Ed Miliband, que exigen que se fijen límites a los porcentajes de propiedad de medios permitidos para un consorcio. Es evidente que la libertad de prensa y opinión, la más importante de las libertades, solo puede florecer en plenitud allí donde existe una diversidad de medios que expresan el amplio espectro de pensamiento una nación. En los países en que los medios relevantes, aún sin limitaciones formales de contenidos, están en manos de unos pocos no existe genuina libertad de prensa.
Extraido de LA NACION
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