3 de mayo de 2011

Enemigo Imaginario

LA Momia Roja

La hipocresía educacional


En las democracias más acreditadas, la educación y la salud son derechos de toda la población. Los colegios y universidades públicas no tienen nada que envidiarle a los establecimientos privados, así como a los hospitales concurren todos por igual por una adecuada atención. Ciertamente que la consulta popular y las manifestaciones sociales son parte de la rutina republicana, por lo mismo que son respetadas por las fuerzas del orden y muy excepcionalmente reprimidas.

Ya se sabe que los rendimientos escolares en Chile se relacionan fundamentalmente con el ingreso familiar y las condiciones socioeconómicas de los estudiantes. Es decir, apenas nace una persona, ya es posible pronosticarle los tropiezos que se le opondrán en su proceso educacional. Tanto así, que un reciente informe nos señala que en una misma comuna es posible apreciar importantes diferencias entre los rendimientos de los jóvenes, aunque unos y otros concurran a los mismos establecimientos educacionales. Todo depende de cómo esté constituida su familia, del monto de sus ingresos, de la calidad de vida de sus hogares.

No radica, por lo tanto, en cuánto se pague por educarse y a qué colegio o universidad se concurra. Es la inequidad social la que explica las grandes y peligrosas diferencias que separan a los chilenos, como la que señala que nuestra democracia sea tan poco acreditada comparada con otras que presumen menos, pero cumplen mejor con los derechos del pueblo. En este sentido, aunque se le inyecten muchos recursos a las escuelas, liceos y universidades públicas (lo que tampoco ocurre), la igualdad de oportunidades no estará garantizada mientras no se superen las escandalosas brechas del ingreso.


Los centenares de miles de jóvenes que hoy acceden a la universidad lo hacen mayoritariamente a los establecimientos nuevos que flagrantemente lucran al ofrecer una oportunidad educacional de muy cuestionada calidad académica, en que poco o nada importan, por lo demás, las oportunidades laborales de sus egresados. En las universidades del Estado o del Consejo de Rectores, en tanto, están accediendo los estudiantes que pertenecen a las elites sociales del país y que, por lo mismo, son los que obtienen los mejores puntajes en la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Con ello, entonces, es que nuestros planteles tradicionales y de mejor estándar académico lo que hacen, sin quererlo, es profundizar las diferencias entre el nivel cultural de pobres, menos pobres y ricos.

Todo el andamiaje educacional chileno resulta, entonces, de una grave hipocresía política que busca soslayar el problema de fondo: un sistema económico desigual que reparte enormes utilidades y remuneraciones en unos pocos, mientras que a la mayoría de los trabajadores, padres y madres de familia, se le condena a ingresos mínimos e indignos que no alcanzan a alimentar adecuadamente a sus familias. Al mismo tiempo que les impide acceder a las grandes instrumentos de la formación cultural, como siguen siendo los libros, las manifestaciones del arte y, ahora, el acceso a Internet y sus redes. Asumiendo, por supuesto, que la televisión y los más poderosos medios de comunicación ya no informan, sino reparten mucho más vulgaridad y superficialidad que cultura.

En países como Suecia, Finlandia y un buen número de referentes europeos a los que habitualmente se recurre como ejemplo, nadie se hace cuestión que los jóvenes provenientes de cualquier estrato socio económico no paguen por recibir educación, salud y otros bienes todavía impensados en Chile. Ello es así porque los que tienen los mejores ingresos son efectivamente los que cancelan más impuestos, en un sistema tributario que tiende a corregir las desigualdades. Situación muy diferente de lo que acontece en Chile donde el agobio impositivo a los pobres y las clases medias es la que más contribuye más al erario nacional, mientras que nuestros gobiernos reparten granjerías a los inversionistas, y los más poderosos tienen acceso a todo tipo de triquiñuelas elusivas y evasivas para acrecentar su riqueza y concentrarla en un grupo cada vez más restringido de multimillonarios, clanes familiares y consorcios.

Otra vía es la que aún es posible apreciar en México, Brasil y otras naciones latinoamericanas donde los estados otorgan ingentes recursos a la educación, con lo cual es posible alcanzar algún logro en democratizar la cultura, pese a las profundas desigualdades que se derivan de sus respectivas estrategias de desarrollo económico. Pero, claro, estamos hablando de países en que sus universidades públicas son más del un 70 por ciento financiadas por el Estado, mientras que en nuestro país, el aporte fiscal a la Universidad de Chile, por ejemplo, alcanza el ridículo porcentaje del 10 por ciento de todo su presupuesto.

Es impensable que nuestras autoridades educacionales, tan firmemente imbuidas del ideologismo neoliberal, abriguen serios propósitos educacionales cuando el modelo económico que han sacralizado requiere de mano de obra barata y de un ciudadano inculto para perpetuase y mantener cautivos nuestros derechos cívicos. Ello explica que muchos de los que han pasado por el Ministerio de Educación en los gobiernos de la post dictadura hayan descubierto en el “servicio público” una magnífica posibilidad de emigrar hacia colegios y universidades del ámbito lucrativo, a fin de resolver su futuro profesional y económico o “rearmarse” para la política competitiva. Igualmente como otros vociferantes políticos del pasado terminan instalados en los directorios de los bancos, de las multinacionales o, incluso, involucrados en aquellos proyectos ecocídas e inmisericordes con el derecho de todos de vivir en un ambiente libre de contaminación.

Extraido de radio.uchile.cl

2 de mayo de 2011

30 de abril de 2011

Rector Zolezzi: “Hoy es más barato un hipotecario que el Crédito con Aval del Estado”

por Mauricio Acuña

Tras su reunión mensual, esta vez en Punta Arenas, el Consorcio de Universidades Estatales (CUECH), reconoció que no tienen una visión clara de cuáles serán los lineamientos del gobierno en la modificaciones que hará para la educación superior.

En un escenario de incertidumbre, y a sólo días de haber constituido una mesa de trabajo con la División de Educación Superior del Ministerio de Educación para resolver problemas de gestión, el Consorcio de Universidades Estatales (CUECH), entidad que agrupa a las 16 universidades públicas del país, planteó en voz de su presidente, Juan Manuel Zolezzi, que no basta con otorgar a estas instituciones mayor flexibilidad en su administración.

El CUECH manifestó que debe haber un pronunciamiento claro y concreto del ejecutivo sobre el futuro de estos planteles en el sistema, que vaya más allá de una ley que les permita endeudarse a plazos mayores que el período presidencial o eliminar trabas burocráticas.

“Lo que nos interesa sobremanera es que el ejecutivo defina qué quiere hacer con las universidades estatales, cuántos recursos está dispuesto a destinar a nuestras instituciones, para a partir de eso evaluar qué institucionalidad es la más adecuada o los ajustes que se deben hacer a lo que tenemos hoy”, puntualizó el también rector de la Universidad de Santiago, Juan Manuel Zolezzi.


El norte, para las universidades estatales, es claro. Junto con contribuir al desarrollo científico y tecnológico y la innovación en el país, los planteles recogieron el mandato para mejorar la formación de profesores y optimizar así la calidad de la educación, algo que les encargó personalmente el presidente Sebastián Piñera en octubre de 2010.

A ello se agrega, según el rector Zolezzi, el imperativo que tiene la educación superior pública para generar una mayor movilidad social. “Nos interesa rescatar a jóvenes con talento y socio – económicamente más desfavorecidos y vulnerables. Si el Estado está dispuesto a apoyar eso, junto con nosotros, debe entregar las recursos para hacerlo”, aseveró.

Justamente, la reunión del Consorcio de Universidades Estatales coincidió con la víspera de las movilizaciones estudiantiles convocada por la Confech, para demandar un mayor financiamiento público a la educación superior y evitar que los alumnos deban endeudarse con la banca para poder estudiar.

Un punto en que coincide el rector Zolezzi, quien no es partidario de fortalecer el Crédito con Aval del Estado (bancario), puesto que puede llegar a ser más caro que un crédito para comprar una casa. ”Las familias están pagando los aranceles más caros que existen en el mundo. La opción es contar con un crédito que es más caro que un hipotecario. Hoy a una familia le conviene vender su casa, pagar la universidad de sus hijos, y tomar un crédito hipotecario para comprar de nuevo la casa. Eso es mucho más barato que el Crédito con Aval del Estado” sentenció.

Para Zolezzi, no pueden seguir existiendo dos tipos de crédito para la educación superior (Aval del Estado y Fondo Solidario). “Se debe tener un solo sistema, un crédito razonable, con tasas subsidiadas” concluyó.

Extrido de Usach al Día

El chorreo de Dittborn disminuirá la Delincuencia

por Citizen Almeida
 
Hace unos días, Julio Dittborn decidió interrumpir su año sabático en New York y vomitar esta columna en La Tercera. Aptamente titulada “Delincuencia y Chorreo”, es un chorro similar al que se produce cuando se rompe el alcantarillado y se genera un géiser de agua con caca.  

La tesis de Dittborn es que si aplicáramos la política del chorreo en Chilistán, los sueldos subirían mágicamente y la delincuencia bajaría en forma drástica. Según él:

“Con un ingreso per cápita de US$ 35.000 al año (en Chile son US$ 12.000 al año),  acá les chorrea a todos. (El monto del salario mínimo es la mejor señal que acá chorrea). Por lo tanto, soy optimista. Si en Chile seguimos creciendo a las tasa de Piñera (y no a las de Bachelet), podremos aumentar el mínimo y hacer que las cosas sean superabundantes y baratas.  Ello disminuirá la delincuencia”.

Por supuesto, alguien que vive en una de las ciudades más caras del mundo y asegura que “acá las cosas son muy baratas” sufre de un grado severo de desconexión con la realidad. Según Dittborn, “Un salvadoreño o guatemalteco recién llegado acá se compra un auto en un par de meses si gana el mínimo ($3.500 pesos la hora acá).” No sé con qué guatemaltecos o salvadoreños se junte él, pero me temo que no se trate del inmigrante promedio. Yo también conozco a un mexicano que hizo negocios en Estados Unidos y multiplicó su fortuna. Se llama Carlos Slim. Me imagino que ése es el tipo de persona a que se refiere Dittborn, residentes de lo que describe como “el barrio donde vivo, como Vitacura en Santiago, o sea, un muy buen barrio”.
Tal vez sea verdad que ese inmigrante recién llegado al país pueda comprarse un auto, pero ese mismo guatemalteco o salvadoreño no tiene acceso a salud, no puede sacar licencia para manejar, no cuenta con jubilación y para vivir en una ciudad como NY debe tener al menos dos trabajos. Más encima, no es que se haya comprado un auto, sino que se consiguió un crédito para comprar un auto y lo va a estar pagando durante los próximos cinco años.

Para Dittborn, reducir la delincuencia es cosa de subir los sueldos. Estoy dispuesto a darle el beneficio de la duda y hacer el experimento en Chilistán. Que Dittborn les pida a sus amigos de la Sofofa que suban los sueldos y que dejen de hacer lobby cada vez que se pretende subir el sueldo mínimo. Ya que estamos en eso, que también le pida a todos los profesores que enseñan en la facultad de economía donde él es decano que se dejen de repetir la estupidez de que “el sueldo mínimo es un desincentivo a la contratación” y que distorsiona el mercado. Esto último sería particularmente interesante porque es precisamente su sector político el que en Chilistán y todo el mundo recita esa cantinela en contra del sueldo mínimo. Sin ir más lejos, que vea a sus amigos Republicanos en EE.UU, quienes por diez años bloquearon todo intento por subir el sueldo mínimo en el país y sólo se pudo aumentar cuando los Demócratas recuperaron la mayoría parlamentaria en 2007.

Este Julio Dittborn es el mismo que hace apenas dos años reclamaba en su calidad de presidente de la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados que “el gobierno tiene que ser muy cauteloso en la negociación del salario mínimo” porque “aumentarlo no es gratis, sobre todo para los sectores menos productivos”. También es el mismo que advertía, a raíz del alza del sueldo mínimo, que “la pobreza no se derrota por ley”. Quizás su estadía en lo que el describe como “un muy buen barrio” neoyorquino le ha permitido observar otras realidades a través de canales como Discovery y National Geographic y finalmente se convenció que subir el sueldo mínimo no es dañino para la economía.

Ahora sólo falta que deje de defender lo indefendible y no pelee más con quienes han criticado su columna. En una respuesta a Patricio Navia, Dittborn le sugiere que estudie más el tema pues “si se hubiera dado el mínimo trabajo de googlear la relación entre salario mínimo y criminalidad” llegaría a las mismas conclusiones que él. Por otro lado, si Dittborn se diera la molestia de leer The New York Times (un diario relativamente conocido en su ciudad adoptiva y que quizás haya visto en los patios de sus vecinos si se levanta temprano) tal vez se hubiera informado sobre este estudio publicado en abril que demuestra cómo es imposible vivir con el sueldo mínimo en EE.UU.

Si Julio Dittborn saliera de New York y paseara por ciudades como Detroit en Michigan o Newark en New Jersey (a apenas una hora de su casa) se daría cuenta que la miseria y la pobreza no son problemas ni remotamente resueltos en EE.UU. También se daría cuenta que el chorreo (o “trickle down economics”, como lo llamaba Reagan) no han dado resultado ni acá ni en Chilistán.

De eso, hasta los que se contentan con “googlear” pueden darse cuenta.

Extrido de Citizen Almeida
Título original: El chorreo de Dittborn 

El Capitalismo

Marcial Maciel: El Aliado Oscuro de Juan Pablo II

por Jesús Rodríguez (*)

Maciel, fundador de los Legionarios, ya era pederasta cuando el polaco llegó a papa. Ambos se apoyaron entre sí y compartieron una visión de la Iglesia.

"Y a usted, padre, ¿cuándo le vino la idea de crear la Legión?", le preguntó Juan Pablo II a Marcial Maciel la primera vez que cenaron juntos en el comedor privado del Santo Padre. La respuesta de Maciel fue inmediata: "Santidad, a los 15 años ya tenía claro que quería crear una congregación de sacerdotes para instaurar el reino de Cristo en la sociedad". El Papa reflexionó y continuó: "Pues sabe usted, padre Maciel, yo a los 15 años aún no había sido ordenado y no se me pasaba por la cabeza llegar a ser Papa". Según un religioso que presenció la conversación, tras esa frase del Papa los dos rompieron a reír. El Papa siempre admiró a Maciel esa seguridad absoluta que tenía en su misión. Sabía que iba ser de una fidelidad absoluta.

Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.


Y más aún arrastrando su oscuro pasado del que nadie al parecer se percató. Maciel era un genio como recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido por Lech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.
Durante el papado de Wojtyla, la Legión sería la congregación católica de mayor crecimiento. Cuando Wojtyla llegó al Vaticano, contaba con 100 sacerdotes. A su muerte tenía 800 y más de 2.000 seminaristas repartidos en 124 casas por todo el mundo. Universidades en México, Chile, Italia y España; facultades de Teología, Filosofía y Bioética. Más de 130.000 alumnos. Y 20.000 empleados en su grupo económico Integer. La cifra que más se ha repetido sobre el valor de los activos de la Legión en los últimos años es de 25.000 millones de euros.

Después de un Papa de dudas como Pablo VI, llegó en 1978 Karol Wojtyla, un Papa de certezas. Procedente de la siempre fiel Polonia. Como México. Un catolicismo de resistencia. Ese era el proyecto que ofrecía el nuevo Papa en un tiempo de incertidumbres. Para su batalla, necesitaba un ejército incondicional. Ya no le valían los franciscanos, dominicos o jesuitas. Estaban demasiado comprometidos con los pobres. Fronterizos con el marxismo. Enemistados con los poderosos. Wojtyla encontró sus nuevos reclutas en el Opus, los Kikos, Lumen Dei, los carismáticos, Comunión y Liberación, Schoenstatt, San Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Y decidieron que esa era la Iglesia de fin de siglo; la que tenía que reevangelizar el planeta. Maciel sería uno de los mariscales de campo.

Sus trayectorias eran casi gemelas. Habían nacido en 1920, con dos meses de diferencia, en el seno de familias conservadoras, rurales y de clase media. Criados en un catolicismo piadoso, vigoroso, excluyente, muy de resistencia política y unido al sentimiento nacional de México y Polonia. Vivirían momentos de opresión religiosa durante su niñez que les educaría en un catolicismo de batalla. Las madres de ambos, Emilia y Maurita, serían el amor de su vida; la clave de su adoctrinamiento religioso, su modelo. Las mujeres tenían que ser para ellos madres y esposas. Y transmisoras del catecismo. Como sus madres.

Según Maciel en su libro Mi vida es Cristo, Juan Pablo II y él se conocieron en enero de 1979, dos meses después de que Wojtyla fuera elegido sucesor de san Pedro. Al nuevo Papa se le metió en la cabeza que su primer acto de masas fuera de Italia tenía que ser en México, un país con más de 80 millones de católicos en las puertas de EE UU y la Centroamérica de la Teología de la Liberación. Había que arrebatar América a las garras del comunismo.

En enero de 1979, Wojtyla estaba decidido a realizar ese viaje. Pero el Gobierno mexicano no lo tenía tan claro. México y la Santa Sede no mantenían relaciones diplomáticas. México era un Estado profundamente laico con una constitución anticlerical. Pero a la vez contaba con un catolicismo muy emocional, de sangre. Su legislación implicaba que en el caso de que Juan Pablo II visitara México, no lo podría hacer como jefe de Estado, sino como un "turista ilustre"; no sería invitado oficialmente por el presidente José López Portillo. No podría celebrar la misa en espacios abiertos. Con su apuesta de visitar México, Wojtyla se la jugaba. Justo al comienzo de su pontificado.

En esto apareció Maciel. Dentro de la red de amistades que el fundador de los legionarios había tejido en México estaban Rosario Pacheco y Margarita y Alicia López Portillo. Católicas, ricas y madre y hermanas del presidente mexicano, José López Portillo. Maciel era el confesor de doña Rosario. Habló con ellas. Y ellas con el presidente. Se obró el milagro. López Portillo invitaría al Papa y le recibiría en el aeropuerto. Juan Pablo estaría autorizado a decir misa al aire libre ante cientos de miles de fieles. Y la visita sería transmitida por televisión.

Wojtyla nunca olvidaría aquel fino trabajo. A nadie en Roma le importó que corrieran los rumores contra el superior de los legionarios; que en algún rincón de la curia se escondiera un grueso dossier sobre sus andanzas. Juan Pablo II las ignoró. Y durante casi tres décadas no dejó de recompensar la lealtad de Maciel.
En los años siguientes, Wojtyla aprobaría las Constituciones de la Legión sin cambiar una coma, ordenaría en el Vaticano a 59 legionarios e invitaría a Maciel a fiscalizar varios sínodos de obispos en Europa y Latinoamérica. Favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma y la implantación de la congregación en Chile. Y llegó a definir a Maciel como "guía eficaz para la juventud".

Y cuando las cosas se comenzaron a poner mal para Maciel tras la publicación en The Hartford Courant de las primeras denuncias por abusos sexuales, en febrero de 1997, el Papa hizo oídos sordos. En uno de los últimos actos de la Legión que presidió al final de su vida, Wojtyla aún homenajearía a los miembros de la Legión de Cristo elevando la voz y sobreponiéndose a su enorme debilidad: "Se nota, se siente, los legionarios están presentes".

Cuando el obispo mexicano Carlos Talavera entregó en 1999 una carta al cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa, que detallaba los abusos de Maciel sobre el ex sacerdote legionario Juan Manuel Fernández Amenábar, la respuesta de Ratzinger fue concluyente, según declaró después ese mismo obispo: "Lamentablemente, no podemos abrir el caso del padre Maciel porque es una persona muy querida del santo padre, ha ayudado mucho a la Iglesia y lo considero un asunto muy delicado".

Tendría que morir Juan Pablo II en abril de 2005 para que el affaire Maciel se reactivase. Y ya nada podría salvarle de la condena. El fuego eterno lo tenía asegurado.

(*):  Autor del libro La confesión. Las extrañas andanzas de Marcial Maciel y otros misterios de la Legión de Cristo (Debate).

Extraido de El País

Título Original: El Aliado Oscuro de Juan Pablo II

29 de abril de 2011

Quiebran Las Bolsas

martirena

Obama + Gadafi

The Clinic

Michelle Obama

The Clinic

¿Mapuche o Mapache?: Contra el Genocidio Estadístico del Censo 2012

por Pedro Cayuqueo

Cada vez que escribo “mapuche” en Word, el corrector automático de ortografía me pregunta si tal vez no quise escribir “mapache”. Y no me deja tranquilo hasta que seleccionó la opción “Omitir”, porque por más que “Agrego al diccionario” la opción correcta, un complot microsoftniano anti-mapuche la hace desaparecer al instante. Y tan solo minutos después, dale Word con el “mapache”.

Algo por el estilo es lo que pretende hacer el INE, Instituto Nacional de Estadísticas, con nuestro pueblo en el próximo Censo 2012. Específicamente en lo que se refiere a la “adscripción étnica” de los encuestados. Si bien el INE se encuentra promocionando una Consulta Nacional para recibir “sugerencias” respecto del tenor de las preguntas censales – en cumplimiento a regañadientes del Convenio 169-, lo cierto es que ya pareciera estar claro el derrotero de la principal. Así se desprende al menos de la propuesta del gobierno.

“Pregunta 22. ¿A cuál de los siguientes pueblos indígenas pertenece?. 1.1 Mapuche. 1.2 Pehuenche. 1.3 Lafkenche. 1.4 Huilliche. 1.5 Huilliche – Chilote. 2. Aimara. 3. Rapa Nui o Pascuense. 4. Atacameño. 5. Quechua. 6. Colla. 7. Diaguita. 8. Kawashkar. 9. Yámana o Yagán. 10. Ninguno de los anteriores”. Nada que opinar de las opciones 2 a la 9. Sin embargo, en el caso mapuche la pregunta no puede ser calificada sino como un pésimo chiste. ¿Qué es eso de pueblo indígena “Pehuenche”, “Lafkenche”, “Huilliche”… ¡“Huilliche-Chilote”!? Para quienes, ya sea por ignorancia o por haber leído demasiado los libros de Sergio Villalobos, no lo sepan, tales denominaciones en absoluto dan cuenta de pueblos distintos del Mapuche. Hablamos de identidades territoriales, gentilicios que dan cuenta de miembros de un mismo pueblo pero que habitan en la cordillera (pehuenche), en la costa (Lafkenche) o en la zona sur (Huilliche). Es decir, denominaciones geográficas que si bien implican variaciones lingüísticas y particularidades culturales, no dejan de tener como matriz una identidad mapuche tan obvia como el merken.


¿Quién les dijo a las luminarias del INE que se trataba de pueblos indígenas diferentes al mapuche? Sospecho que nadie. Pero la oportunidad resultaba demasiado tentadora. Ya el Censo del 2002, vía pregunta igualmente capciosa, había eliminado de un plumazo más de 300 mil mapuches (Censo 1991: 932.000 mapuches / Censo 2002: 604.349 mapuches). ¿Por qué entonces no repetir y sobre todo, mejorar la fórmula? En lo personal y por qué nací en la costa de la mal llamada Araucanía, ¿debería optar el 2012 por la opción “Lafkenche”? Ridículo para mí. ¿Pero será igualmente ridículo para los miles de mapuches que viven por esos lados y que –de buena fe- pueden no captar el trasfondo político de la pregunta censal? ¿O aquellos que viven en la zona cordillerana? Mientras menos población mapuche exista, menos pesaremos en las políticas públicas y en la agenda de las élites. Esa es una verdad del porte de un buque. Y en un gobierno adicto a las encuestas y los “datos duros”, el panorama se vislumbra negrísimo.

El año 2002, tras conocerse los resultados del polémico Censo, voces mapuches denunciaron un “genocidio estadístico”. Si aquello fue un genocidio, lo que se viene bien puede ser catalogado como un “holocausto”. Ojo. Aun estamos a tiempo. ¿Por qué no salir al paso convocando a una “Campaña Virtual de Autoafirmación Mapuche”? Dicen que Twitter ha derribado gobiernos en Medio Oriente y expulsado Intendentas y Ministras en Chile. ¿Cómo no va a ser capaz de detener el holocausto censal que se nos viene como Katrina? Todos invitados. Mapuches, chilenos mestizos, caras pálidas y no tan pálidas, europeos residentes engrupidos con “Danza con Lobos”, hermanos peruanos emigrantes, también los mapaches, por cierto. Todos a Twittear para el Censo 2012, #yotambiensoymapuche.

Extraido de The Clinic

La Desigualdad es Adrede

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